PROTECCIÓN Y RENOVACIÓN
PROTECCIÓN Y RENOVACIÓN
Existen muchas definiciones de lo que es una Revolución. Para Louis Joxe, románticamente, se trata de “una especie de movimiento popular de masas, que desafía el peligro de muerte en aras al amor del bien común, en el transcurso del cual se expresan las convicciones populares profundas, haciendo posible el deseo de renovación de la sociedad, del Estado, y de la felicidad”.
Dichas “convicciones populares profundas”, si se trata de una Revolución de verdad, desembocan en una nueva relación de poder entre las diversas fuerzas sociales, y en una variación sustancial, como máximo sobre la propiedad de bienes de producción, y como mínimo en el reparto de lo que Lenski llamó el excedente económico.
En todo caso, más prosaicamente, y como mínimo, no hay Revolución, repetimos, sin un nuevo reparto del excedente económico, pero no sólo porque ello sea de justicia, sino porque ningún poder revolucionario puede institucionalizarse sin apoyo popular, siendo imprescindible, para dicho apoyo, interesar en ese nuevo reparto del excedente a cuantos sean necesarios para que el poder se consolide a través de apoyos suficientes. En otras palabras, toda Revolución crea una clase dirigente, y, además, unas nuevas “clases de apoyo”, de sustento “colaboradoras”, que sirven de correa de transmisión para la nueva clase dirigente, y que se erigen en amortiguadoras, -defensoras frente a opciones políticas (reaccionarias o no) que discutan la legitimidad de la nueva situación, del nuevo equilibrio/desequilibrio de poder.
En todo proceso revolucionario (y ese es el caso hoy de Venezuela), es esencial para esa nueva clase dirigente, no sólo ganar sino, después, no perder el apoyo de esas nuevas “clases colaboradoras”. A dicha(s) clase(s) colaboradora(s), se la(s) ganaría por cierto no sólo con un nuevo reparto del excedente económico favorable sino también con dos garantías más: aquélla que les permita a dichas clases colaboradoras garantizar en lo posible por sí mismas la defensa y su nueva condición de privilegiadas; verbigracia “la democracia participativa”. Y aquélla que las tranquilice en cuanto a que la nueva clase dirigente, no sólo sabe defender su propia posición dominante, sino también el carácter “privilegiado” otorgado por ella a las correspondientes “clases colaboradoras. Así, aparte de las legitimaciones varias que un poder puede buscar obtener (carismática, tradicional, burocrática, etc, véase Max Weber) existen dos esenciales: la democrática (que el pueblo avale/consienta participe en el nuevo esquema de poder) y la protectora, o sea, garantizadora del mantenimiento del nuevo equilibrio-relación de poder, y de que los nuevos “privilegiados” de las “clases colaboradoras” lo sean duraderamente. Chávez ha conseguido la primera, pero lo puede perder todo si no cumple con la segunda. Segunda, no significa menos importante. Vamos a Thomas Hobbes: “los súbditos sólo se sienten obligados hacia su Soberano en tanto a éste le quede poder para protegerles. Cuando, en una guerra extranjera o civil, el enemigo logra la victoria final de manera que, al ser demostradas las fuerzas de la república, los súbditos ya no pueden esperar protección a cambio de lealtad, entonces la República se disuelve y cada cual queda libre de protegerse como pueda”. Hobbes insiste una y otra vez en la “función de protección”: “la obligación de los ciudadanos para con quien posee el poder supremo sólo puede durar en tanto persiste dicho poder de protección de los ciudadanos”.
Pero una contrarrevolución en Venezuela acabaría tanto con el proyecto bolivariano como con la nueva relación de poder entre clases y con el ejercicio de la función de protección por parte del poder bolivariano, poniéndose en solfa la nueva configuración, aportada por Chávez y su gente, de reparto del excedente económico….
Permítanseme algunas referencias históricas: tanto Napoleón I como la Revolución de Octubre o Franco no se consolidaron hasta que demostraron ser capaces de defender a las clases colaboradoras y los “privilegios” por ellos “otorgados” a éstas: Napoleón cuando, tras ganar un plebiscito sobre su mantenimiento en el poder, no sólo nombra “Regicidas” en puestos clave (Talleyrand en Asuntos Exteriores, Fouchet en el Ministerio del Interior, etc) sino que manda fusilar al Duque d´Enghien por conspiración monárquica y sedición; la Revolución de Octubre cuando tanto gracias a la victoria sobre la coalición exterior como al aplastamiento de la reacción blanca consolida el poder soviético; Franco, referéndums aparte, cuando supera el aislamiento internacional pero aplasta la oposición comunista y anarquista interiores y crea las nuevas “clases medias” que consolidan duraderamente al Régimen….
No es fácil establecer paralelismos entre Chávez y otros gobernantes aunque con De Gaulle es pasmoso. En efecto: 1) Ambos proceden de una educación y de un estamento, militares, y están por lo tanto acostumbrados a respetar el orden legal. 2) Ante una situación de ignonimia Nacional, ambos comienzan por quebrar su acatamiento al gobierno legal (De Gaulle en 1940; Chávez en 1991) y tardan en triunfar (De Gaulle en 1994; Chávez en 1999). 3) Ambos son llamados, en última y posterior instancia y situación de bloqueo nacional, por el pueblo para gobernar (De Gaulle en 1958; Chávez en 1999). 4) Ambos son “populistas reunificadotes” y exaltan (defensivamente) a sus respectivas Naciones. 5) A ambos no les entusiasma el capitalismo (para ambos debe ser regulado, controlado, dirigido) y buscan “otra” cosa. 6) Ambos se enfrentaron, en el inicio de su liderazgo institucional, a una oposición rabiosa, sistemática difamatoria, y golpista. A De Gaulle le insultaron (La grande zorra, La grande puta), le dieron golpes de Estado (1961), terrorismo y magnicidios frustrados (1960-1964), todo ello básicamente por parte de militares reaccionarios. Ídem a Chávez (El MICO mandamiento). 7) Pero De Gaulle logró institucionalizar (aún perdura) su “V República) a golpe de referéndums, plebiscitos, elecciones ganadas, una transformación política, económica y social en profundidad del país y… Aplicando a rajatabla la función legitimadora de esa “protección”. En efecto, la dignidad tanto del pueblo francés, como de Francia como entidad histórica, requería que una vez legitimada la V República por vía de los sufragios populares, ninguna facción actuaban militares sediciosos. De ahí el fusilamiento del militar más prestigioso entonces, Coronel Bastien Thiry tras pasar por un Tribunal militar, y los encarcelamientos de generales y coroneles muy condecorados como Challe, Argoud, Jouhaud, Zeler, Lagarde y un largo, etc. Porque la República, una vez aceptada mayoritariamente por la voluntad popular, no sabría ser puesta en cuestión o en peligro por los que deben ser sus más imparciales, fríos y eficaces defensores.
Y al respecto no ha lugar a escuchar ni consideraciones humanitarias o lastimeras ni presiones exteriores (menos una) sean “amigas” o “enemigas”. Dicho de otra forma, o llamar a la sedición frente a un gobierno legítimo, y ello por parte de militares, es castigado ejemplarmente; o sólo lo es mediante una jubilación anticipada con sueldo completo. En cuyo caso se repetirá una y otra vez, y entonces el nuevo poder puede considerarse asimismo ya muerto….
Actualmente, el prestigio de la oposición a Chávez está, internacionalmente, por los suelos. Ahora bien: o Chávez para esta noria de pronunciamientos medio serios medio chaplinescos, o bien, incapaz de asegurar en “función de protección”, su pueblo le abandonará mientras, internacionalmente, se mirará para otro lado…. En todo caso recuérdese con Hobbes que “1) Es soberano aquél que sabe usar la fuerza para defender al pueblo. 2) No es soberano quien no puede. 3) Deja de ser soberano el que ya no puede…”. Hasta el punto de que, como explica Louis Joxe (en “L´Empire du chaos”, París 2002), “la protección es, muy naturalmente, la única función final que legitima la soberanía…). Al menos a plazo.
Existen muchas definiciones de lo que es una Revolución. Para Louis Joxe, románticamente, se trata de “una especie de movimiento popular de masas, que desafía el peligro de muerte en aras al amor del bien común, en el transcurso del cual se expresan las convicciones populares profundas, haciendo posible el deseo de renovación de la sociedad, del Estado, y de la felicidad”.
Dichas “convicciones populares profundas”, si se trata de una Revolución de verdad, desembocan en una nueva relación de poder entre las diversas fuerzas sociales, y en una variación sustancial, como máximo sobre la propiedad de bienes de producción, y como mínimo en el reparto de lo que Lenski llamó el excedente económico.
En todo caso, más prosaicamente, y como mínimo, no hay Revolución, repetimos, sin un nuevo reparto del excedente económico, pero no sólo porque ello sea de justicia, sino porque ningún poder revolucionario puede institucionalizarse sin apoyo popular, siendo imprescindible, para dicho apoyo, interesar en ese nuevo reparto del excedente a cuantos sean necesarios para que el poder se consolide a través de apoyos suficientes. En otras palabras, toda Revolución crea una clase dirigente, y, además, unas nuevas “clases de apoyo”, de sustento “colaboradoras”, que sirven de correa de transmisión para la nueva clase dirigente, y que se erigen en amortiguadoras, -defensoras frente a opciones políticas (reaccionarias o no) que discutan la legitimidad de la nueva situación, del nuevo equilibrio/desequilibrio de poder.
En todo proceso revolucionario (y ese es el caso hoy de Venezuela), es esencial para esa nueva clase dirigente, no sólo ganar sino, después, no perder el apoyo de esas nuevas “clases colaboradoras”. A dicha(s) clase(s) colaboradora(s), se la(s) ganaría por cierto no sólo con un nuevo reparto del excedente económico favorable sino también con dos garantías más: aquélla que les permita a dichas clases colaboradoras garantizar en lo posible por sí mismas la defensa y su nueva condición de privilegiadas; verbigracia “la democracia participativa”. Y aquélla que las tranquilice en cuanto a que la nueva clase dirigente, no sólo sabe defender su propia posición dominante, sino también el carácter “privilegiado” otorgado por ella a las correspondientes “clases colaboradoras. Así, aparte de las legitimaciones varias que un poder puede buscar obtener (carismática, tradicional, burocrática, etc, véase Max Weber) existen dos esenciales: la democrática (que el pueblo avale/consienta participe en el nuevo esquema de poder) y la protectora, o sea, garantizadora del mantenimiento del nuevo equilibrio-relación de poder, y de que los nuevos “privilegiados” de las “clases colaboradoras” lo sean duraderamente. Chávez ha conseguido la primera, pero lo puede perder todo si no cumple con la segunda. Segunda, no significa menos importante. Vamos a Thomas Hobbes: “los súbditos sólo se sienten obligados hacia su Soberano en tanto a éste le quede poder para protegerles. Cuando, en una guerra extranjera o civil, el enemigo logra la victoria final de manera que, al ser demostradas las fuerzas de la república, los súbditos ya no pueden esperar protección a cambio de lealtad, entonces la República se disuelve y cada cual queda libre de protegerse como pueda”. Hobbes insiste una y otra vez en la “función de protección”: “la obligación de los ciudadanos para con quien posee el poder supremo sólo puede durar en tanto persiste dicho poder de protección de los ciudadanos”.
Pero una contrarrevolución en Venezuela acabaría tanto con el proyecto bolivariano como con la nueva relación de poder entre clases y con el ejercicio de la función de protección por parte del poder bolivariano, poniéndose en solfa la nueva configuración, aportada por Chávez y su gente, de reparto del excedente económico….
Permítanseme algunas referencias históricas: tanto Napoleón I como la Revolución de Octubre o Franco no se consolidaron hasta que demostraron ser capaces de defender a las clases colaboradoras y los “privilegios” por ellos “otorgados” a éstas: Napoleón cuando, tras ganar un plebiscito sobre su mantenimiento en el poder, no sólo nombra “Regicidas” en puestos clave (Talleyrand en Asuntos Exteriores, Fouchet en el Ministerio del Interior, etc) sino que manda fusilar al Duque d´Enghien por conspiración monárquica y sedición; la Revolución de Octubre cuando tanto gracias a la victoria sobre la coalición exterior como al aplastamiento de la reacción blanca consolida el poder soviético; Franco, referéndums aparte, cuando supera el aislamiento internacional pero aplasta la oposición comunista y anarquista interiores y crea las nuevas “clases medias” que consolidan duraderamente al Régimen….
No es fácil establecer paralelismos entre Chávez y otros gobernantes aunque con De Gaulle es pasmoso. En efecto: 1) Ambos proceden de una educación y de un estamento, militares, y están por lo tanto acostumbrados a respetar el orden legal. 2) Ante una situación de ignonimia Nacional, ambos comienzan por quebrar su acatamiento al gobierno legal (De Gaulle en 1940; Chávez en 1991) y tardan en triunfar (De Gaulle en 1994; Chávez en 1999). 3) Ambos son llamados, en última y posterior instancia y situación de bloqueo nacional, por el pueblo para gobernar (De Gaulle en 1958; Chávez en 1999). 4) Ambos son “populistas reunificadotes” y exaltan (defensivamente) a sus respectivas Naciones. 5) A ambos no les entusiasma el capitalismo (para ambos debe ser regulado, controlado, dirigido) y buscan “otra” cosa. 6) Ambos se enfrentaron, en el inicio de su liderazgo institucional, a una oposición rabiosa, sistemática difamatoria, y golpista. A De Gaulle le insultaron (La grande zorra, La grande puta), le dieron golpes de Estado (1961), terrorismo y magnicidios frustrados (1960-1964), todo ello básicamente por parte de militares reaccionarios. Ídem a Chávez (El MICO mandamiento). 7) Pero De Gaulle logró institucionalizar (aún perdura) su “V República) a golpe de referéndums, plebiscitos, elecciones ganadas, una transformación política, económica y social en profundidad del país y… Aplicando a rajatabla la función legitimadora de esa “protección”. En efecto, la dignidad tanto del pueblo francés, como de Francia como entidad histórica, requería que una vez legitimada la V República por vía de los sufragios populares, ninguna facción actuaban militares sediciosos. De ahí el fusilamiento del militar más prestigioso entonces, Coronel Bastien Thiry tras pasar por un Tribunal militar, y los encarcelamientos de generales y coroneles muy condecorados como Challe, Argoud, Jouhaud, Zeler, Lagarde y un largo, etc. Porque la República, una vez aceptada mayoritariamente por la voluntad popular, no sabría ser puesta en cuestión o en peligro por los que deben ser sus más imparciales, fríos y eficaces defensores.
Y al respecto no ha lugar a escuchar ni consideraciones humanitarias o lastimeras ni presiones exteriores (menos una) sean “amigas” o “enemigas”. Dicho de otra forma, o llamar a la sedición frente a un gobierno legítimo, y ello por parte de militares, es castigado ejemplarmente; o sólo lo es mediante una jubilación anticipada con sueldo completo. En cuyo caso se repetirá una y otra vez, y entonces el nuevo poder puede considerarse asimismo ya muerto….
Actualmente, el prestigio de la oposición a Chávez está, internacionalmente, por los suelos. Ahora bien: o Chávez para esta noria de pronunciamientos medio serios medio chaplinescos, o bien, incapaz de asegurar en “función de protección”, su pueblo le abandonará mientras, internacionalmente, se mirará para otro lado…. En todo caso recuérdese con Hobbes que “1) Es soberano aquél que sabe usar la fuerza para defender al pueblo. 2) No es soberano quien no puede. 3) Deja de ser soberano el que ya no puede…”. Hasta el punto de que, como explica Louis Joxe (en “L´Empire du chaos”, París 2002), “la protección es, muy naturalmente, la única función final que legitima la soberanía…). Al menos a plazo.
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