La tragedia de la desaparición de los comunistas
De la desaparición de la URSS, tardará el mundo en reponerse. Es equivalente, en sus grandísimas consecuencias (muchas de las cuales, incluso aún no se perciben), a la desaparición del Imperio Austro-Húngaro.
Más aún, si la II Guerra Mundial fue “la guerra de los Tres locos (Churchuill, Hitler y Roosevelt), ahora un loco en solitario amenaza con iguales destrozos. Recuérdese que, en el origen del Hitlerismo, se puede hallar la reacción del núcleo central alemán al cerco al que los Tratados de Versalles, Sevres y Trianon sometieron al espacio alemán. Entonces ¿Cómo no comprender que la Rusia de Putin endurezca su resistencia frente al enloquecido imperialismo norteamericano, empeñado en controlar partes importantes del espacio propiamente eslavo (Georgia, Ucrania, Moldavia, Yugoslavia y Chechenia)?. Más aún: la desaparición del otro “Grandullón” del patio del colegio ha dejado al resto de la humanidad oscilando entre ser la “personificación del mal” para el Imperio o el “protegido del Imperio” (muy a su pesar y entre otras figuras más o menos próximas a la asociación o al sometimiento). Y fruto de todo ello ha sido la multiplicación de conflictos en los que los pueblos han sustituido a muchos gobiernos en la lucha contra el hegemonismo norteamericano.
Se podrá alegar que al menos Rusia se ha librado de los comunistas. Sin embargo, vemos como sólo Putin ha podido limitar la progresión de una “Ost-algia” en Rusia, esfuerzo que debería valorarse a la vista de las desastrosas consecuencias que tuvo para la economía y la sociedad rusas la desaparición de la planificación soviética. El pase desde una planificación orientada a la satisfacción de las necesidades materiales previsibles, a una economía de mercado (donde la prioridad es la rentabilidad del capital invertido) fue catastrófico. El “libro blanco de Rusia”, de S. Kara-Murza1, demuestra que el pase a la economía no planificada supuso descensos de producción y de nivel de vida en el 100% de los casos contemplados.
Cuando la URRS cayó, se supuso que su desaparición y el arrinconamiento de los PPCC, reforzarían a los socialistas frente a las derechas (por aquello de que los socialistas ya “no tendrían rivales por la izquierda”); pero el resultado ha sido a la inversa: la ausencia de comunistas, es decir, de rivales por la izquierda, ha echado a los socialistas hacia la derecha (ello, tanto más cuanto que se morían de ganas de iniciar ese tránsito)… Sólo que ante un socialismo derechizado y “gerencial”, la derecha lo tenía mucho más fácil, por la preferencia habitual por un original ante los peligros de una mala copia. La izquierda, no entendió ni el reto proteccionista exterior que provocaban la mundialización y una inmigración enloquecida, ni en el interior la necesidad de asegurar un orden ciudadano suficiente. Hoy, resulta que el informe policial sobre los incidentes en los suburbios franceses (informe que ha requerido meses y meses de investigaciones), arroja algo que era evidente, para muchos, desde el principio: la desaparición del entramado celular, de la red partidista y asistencial organizada por el PCF, es la causa principal de los desórdenes, hoy sólo paliada cuando los islamistas son los que aseguran el relevo de los comunistas2…. Incluso para la derecha hay algo peor que la existencia de muchos comunistas: que no haya comunistas. Vivir para ver, y para llorar.
Jorge Verstrynge
1 Edit. El Viejo Topo. Barcelona 2006
2 ver “Le monde” del 5-6-2007
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